domingo, 2 de junio de 2013

Capítulo 1

[Narra Mikayla.]

Vamos, sólo cinco minutos más. Cinco minutos y empezaría el verano.
El señor McApple seguía con su discurso de lo que había sido el año escolar, pero yo no le prestaba demasiada atención. En lugar de eso, intercambiaba miradas cómplices con Sophie, que se encontraba en la otra punta de la clase, y con Hayley, sentada a mi izquierda.
Por fin, la campana que daba las clases por finalizadas sonó y todos se levantaron dando gritos de alegría mientras el señor McApple cogía sus cosas y se largaba lo más rápido posible. Abracé a Hayley con todas mis fuerzas sin molestarme por recoger ninguno de los papeles esparcidos por el suelo.
- Este va a ser nuestro verano - dijo ella justo al lado de mi oído.
Me separé de ella y la miré con una sonrisa de oreja a oreja. De repente, alguien vino por detrás y puso sus brazos sobre mis hombros.
- ¡Sydney nos espera! - gritó.
Sophie se separó de mí y fue a rodear los hombros de Hayley con su brazo derecho.
- Más os vale estar preparadas - me apuntó con su dedo índice, alzando ambas cejas, a lo que yo sonreí de medio lado dejando ver uno de mis hoyuelos.
- Llevo preparada desde hace tres meses, Soph - contesté mientras colgaba mi mochila práticamente vacía sobre uno de mis hombros.
Hayley cogió su bandolera y las tres salimos de la clase para dirigirnos a nuestras casas. Esa noche partiríamos hacia Sydney y necesitábamos arreglar algunas cosas antes y despedirnos de alguna gente.
(...)
En cuanto llegué a casa, vi que mi madre me había preparado ya un plato rebosante de comida.
- Hola, Mikayla - dijo mi padre sin apartar la vista del periódico.
- Hola, papá. ¿Ya has comido?
- He terminado hace ya bastante, cariño. Sabes que como muy pronto.
- Cierto... Oh, hola, mamá.
- Hola, cielo. Espero que te guste la comida.
- Me has echado mucho, pero seguro que está riquísima.
- Si no la quieres toda no pasa nada, Kay - dijo con tono dulce.- Ah, por cierto, tienes tus maletas listas arriba.
- Vaya, gracias, mamá - respondí mientras comenzaba a saborear los espaguetis con tomate.
Pasé el resto de la comida hablando con mis padres sobre el viaje. Veía a mi padre algo nervioso, pero tendría que entenderlo. Ya tenía dieciocho años y necesitaba hacer un viaje como ese, a la otra punta del mundo. Cierto es que estaría muy lejos de casa, pero les llamaría de vez en cuando. Tenían que aprender a confiar en mí.

[Narra Sophie.]

Comí con rapidez uno de los famosos platos de filete con patatas de mi madre y subí a mi habitación a terminar de preparar mis maletas. Llevaba dos más una mochila. No sabía ni cómo iba a poder con todo eso. Terminaría con la espalda y los brazos destrozados. Llevaba casi todo mi armario ahí dentro. Cuando estaba cerrando la última maleta, entró mi madre.
- ¿Todo bien por aquí, cariño?
- Sí, sí - contesté mientras hacía un último esfuerzo por cerrar la cremallera.
- Pásatelo bien en Sydney - mostró una sonrisa algo forzada. Estaba a punto de llorar.
Me levanté del suelo y le di un abrazo sin decir nada, dejando que mis lágrimas también saliesen. Mantenía una relación muy especial con mi madre. Odiaba saber que iba a estar tanto tiempo lejos de ella, pero me vendría bien cambiar de aires. Ya no me agradaba la mayoría de la gente de Londres, demasiados malos recuerdos.
- Te voy a echar de menos - le dije, mientras me secaba las lágrimas contra su hombro.
- Y yo a ti, cielo - se separó de mí intentando ocultar que había estado llorando esos segundos.- Cuando vuelvas tendrás que contármelo todo, ¿vale?
- Claro. Pero van a ser más de dos meses, va a haber mucho que contar.
- Compraré aperitivos.
Ambas reímos y nos dimos de nuevo un abrazo, esta vez más corto y sin tantas lágrimas.
- Bueno, termina con tus cosas.
- Adiós, mamá.
- Hasta luego, cielo.
Salió de la habitación cerrando la puerta con mucho cuidado y yo por fin terminé de cerrar la maleta. Suspiré mientras me sentaba en el suelo cruzando las piernas y escuché cómo sonaba mi teléfono móvil justo delante de mí. Kay y Hayley estaban hablando en nuestro grupo de WhatsApp.
Mikayla: "Casi no tengo pantalones cortos... Creo que vamos a tener que ir de compras en Sydney, chicas."
Hayley: "Es lo que tiene vivir en Londres. Me apunto al día de compras."
Sonreí de medio lado y decidí escribir algo para dar señales de vida.
"Iremos en busca de ropa veraniega. Y de chicos."
Mikayla: "JAJAJAJAJAJA. Típico de Soph."
Hayley: "Kay, tú no te quedas atrás."
Mikayla: "Mira quién fue a hablar."
Solté una pequeña carcajada y me levanté. Metí el móvil en el bolsillo del pantalón y bajé las escaleras para pasar esa última tarde antes de las vacaciones con mi madre. Mi padre estaba en viaje de negocios, así que no podría verlo, pero le llamaría antes de ir al aeropuerto.

[Narra Hayley.]

Durante la comida mis padres no dejaron de hacerme preguntas sobre el viaje, me recordaron mil veces todo lo que tenía que llevar y me agobiaron más de lo que yo creía que podrían llegar a agobiarme alguna vez.
- ¡Ya está! ¡Lo tengo todo en las maletas! Dios.
- Hayley, siempre te quejas de que te recordemos las cosas y luego te olvidas de todo. Después no te quejes si te falta algo - respondió mi padre, algo molesto.
- ¿Seguro que tienes todo? - preguntó mi madre, mientras lavaba los últimos platos.
- Mamá, por enésima vez, sí. Lo tengo todo.
Suspiré antes de levantarme de la mesa e ir a mi habitación para comprobarlo de nuevo. Odiaba que mis padres tuvieran razón. Pero esta vez mi memoria no me había fallado. Llevé las maletas al piso de abajo y fui al salón a esperar que llegara la hora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario